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La comunicación interregional
La región cusqueña se comunicaba por medio de dos importantes y extensos caminos interregionales uno que marchaba de noroeste a sureste y el otro que lo hacía de noreste a suroeste. Por razones topográficas, y también por evitarle al viajero esfuerzos físicos extremos, los dos caminos seguían, en lo posible, los cauces de los ríos.
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El camino que iba del noroeste al sureste avanzaba prácticamente por los cursos del Pampas y del Apurímac -este tramo era el mismo que los huari habían recorrido 500 años antes para invadir el valle- y continuaba por el del Huatanay y el del Vilcanota. Este camino, al llegar al sitio de Arco Punco, en la pampa de Anta, debe de haber tomado el cercano cauce del arroyo Sipasmayo, el del Quilquemayo, el del río Chunchulmayo y, finalmente, el del Huatanay.
El camino que iba del noreste al suroeste, al acercarse al Cusco, debe de haberse dirigido hacia Pumachupan paralelamente al río Quencomayo y, luego de cruzar el Huatanay y rodear el promontorio en el que se ubicó el barrio de Coripata seguía los cauces del Huancaro y el Cachona.
No creemos, como sostienen algunos autores, que en esa época, antes del afincamiento incaico en el sector central de la zona alta del valle, el camino noreste-suroeste lo haya atravesado por la plaza de Intipampa. Este tramo hubiese demandado grandes esfuerzos, porque habría requerido vencer la altura del promontorio y, además, vadear los ríos Tullumayo, Saphy, Chunchulmayo y Rocopata. Al respecto, debemos tener presente que los dos caminos tenían como propósito vincular las urbes regionales y que los poblados del sector central eran más pequeños incluso que los de los alrededores.

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