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Los asentamientos humanos
Cuando los incas llegaron a la zona alta del valle del Cusco, los poblados en los que habitaban las distintas etnias allí establecidas eran de gran precariedad, tanto respecto a la arquitectura cuanto al trazo de sus asentamientos.
Las viviendas eran chozas circulares o rectangulares cuyos muros estaban construidos |
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con piedras sin labrar y asentadas con barro. Sus burdos techos, cónicos o inclinados, estaban conformados por troncos y cañas cubiertos con paja. A ellas, que carecían de ventanas, se ingresaba a través de una puerta baja y estrecha. Frecuentemente, varias de estas viviendas se agrupaban desordenadamente alrededor de un espacio y, así, constituían un pequeño conjunto que usualmente medía menos de una hectárea de extensión.
El planeamiento urbano era prácticamente inexistente. Con densidades de implantación variables, estos conjuntos menores conformaban a su vez conjuntos mayores, de entre 20 y 70 chozas, en cuyo centro se desarrollaban las actividades del poblado. El conjunto de Acamama, sede de los alcaviza, debió de tener una configuración bastante parecida a la citada.
Juan de Betanzos lo describe así:
En el lugar e sitio que hoy dicen y llaman la Gran Ciudad del Cuzco en la provincia del Piru en los tiempos antiguos antes que en él hubiese señores orejones yngas Capac Cuna que ellos dicen Reyes había un pueblo pequeño de hasta 30 casas pajizas y muy ruines y en ellas había trinta indios y el señor y cacique deste pueblo se llamaba Alcavisa y lo demás de entorno deste pueblo pequeño era una ciénaga de junco hierba cortadera la cual ciénaga causaban los manantiales de agua que de la sierra y lugar do agora es la fortaleza salían y esta ciénaga era y se hacían en el lugar do agora es la plaza y las casas del Marqués Don Francisco Pizarro que después esta ciudad ganó y lo mismo era en las casas del comendador Hernándo Pizarro y ansi mismo era ciénaga en el lugar y sitio do es en esta ciudad de la parte del arroyo que por medio della pasa el mercado [...] (tianguez) plaza de contratación de los mismos naturales indios.
Nos sorprende que en un medio que durante más de 250 años estuvo bajo el gobierno de los huari, cultura de grandes realizaciones arquitectónicas y urbanísticas, los poblados de la zona alta del valle del Cusco tuvieran un nivel tan bajo en cuanto a estos dos aspectos. Infortunadamente, y por razones que ignoramos, así fue, y para que de ello no quede duda alguna, a poca distancia del monumental conjunto de Piquillacta se encuentra el poblado de Choquepuquio, el que, por sus características, responde también a lo que ya hemos descrito.
Choquepuquio estuvo conformado por 69 edificaciones que totalizaban un área construida aproximada de 600 m2. Dado que probablemente requirió alrededor de 5 m2 por persona, este poblado, de mediano tamaño para la época, debió de tener 120 habitantes. Como podemos apreciar, esta descripción no difiere mucho de la que Betanzos hace del conjunto de Acamama, y casi nos es posible asegurar que los poblados que habitaban los incas en Pacaritambo, en el sur, alrededor de 20 años antes de su llegada al Cusco, eran similares a ambos. Finalmente, la cerámica encontrada en Choquepuquio nos habla de una ocupación definitivamente incaica, perteneciente al período Provincial o Temprano (1200 d. C.-1440 d. C.).
Los levantamientos topográficos y los estudios llevados a cabo recientemente en el sitio arqueológico de Maucallacta por Brian S. Bauer muestran una arquitectura de características imperiales, tanto en la ortogonalidad de su trazo y en la organización de sus canchas, como en la perfección del labrado y acabado de sus piedras y en la elegancia de sus elementos arquitectónicos. Todo ello fue fruto, sin duda, del homenaje que Pachacútec rindió a sus divinos ancestros. Sin embargo, en claro contraste, los barrios que constituyeron la vieja ciudad antes de las remodelaciones llevadas a cabo por este inca, guardan su ubicación original; es decir, aquella que fue marcada por las pequeñas y secas quebradas que existen en el lugar. Por tanto, el planeamiento general de esta conglomeración resulta bastante desordenado. Además, no se distinguen en ella la división en dos sayas -hanan y hurin- o secciones -alta y baja- ni la subdivisión de estas en dos.
Debemos añadir que Maucallacta se encuentra en Pacaritambo, a 32 km del Cusco, y que en los confines de aquel, hacia el sur, se yergue Tamputoco, el mágico cerro donde se hallan tres cavernas por una de las cuales los hermanos Áyar vinieron al mundo. Es posible, pues, que los Áyar o sus contemporáneos crecieran en Maucallacta y que de él salieran a conquistar el valle del Huatanay y a fundar, en la zona alta, Intillacta, el poblado que más tarde fue sede del Tahuantinsuyo.
Asimismo, nos resulta interesante comprobar que la cerámica encontrada en distintos puntos de Maucallacta es de origen incaico y que perteneció a los períodos Imperial y Provincial o Temprano. Dentro de este también hay restos preincaicos e incluso de influencia huari.

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