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De ahí, también, el urgente requerimiento de que la ciudad y el imperio estuviesen íntimamente relacionados, de manera que este fuera la proyección de aquella o, si se quiere, la primera fuese la síntesis del segundo. Esta conexión se lograba mediante la presencia constante, en el Cusco y en todas las capitales de provincias, de los dioses, hombres y cosas que eran importantes para el gobierno gracias a un sistema



de comunicaciones que unía los pueblos del Tahuantinsuyo.

La nueva ciudad asumió, entonces, una estructura física y social que resultó en una especie de representación cosmogónica del imperio. Así, tenemos lo siguiente:


Los caminos principales que estructuraban la zona urbana del Cusco partían de su plaza principal -la cabeza y el corazón de la urbe- en busca de los cuatro suyos imperiales.

Los barrios de esta zona también eran cuatro y estaban divididos en dos partes: la hanan saya y la hurin saya.

Dentro de la zona urbana, el inca y los de su linaje habitaban el sector central y el resto de la población vivía en el sector periférico. Ambos estaban separados por el sector de aislamiento, un espacio abierto que protegía la sacralidad del sector central.

La importancia de quienes poblaban el sector periférico se acreditaba por la ubicación que tenían dentro de este. Esta ubicación dependía en mucho del momento en el que se habían incorporado al Tahuantinsuyo. Usualmente, los pueblos que lo habían hecho tempranamente se asentaban cerca del sector central, mientras que los que lo habían hecho tardíamente se asentaban lejos de él.

Para lograr una mejor reproducción sociogeográfica, los pueblos incorporados se situaban en el sector periférico de acuerdo a la orientación del suyo del que procedían. Asimismo, se vestían y construían sus viviendas conforme a las modas y sistemas tradicionales imperantes en sus lugares de origen.
Para lograr esta reestructuración del Cusco, Pachacútec ejecutó algunas obras de importancia dentro del trazo urbano que había heredado de sus antecesores:


Redefinió las extensiones y las direcciones de los cuatro suyos, de los caminos que conducían a ellos y de su recorrido al interior de la ciudad. Para esto último, el camino que unía el Chinchaysuyo con el Collasuyo lo hizo andar, paralelamente al río Saphy, desde el suburbio de Huacapunco hasta el sitio de Pumachupan, y el camino que unía el Contisuyo con el Antisuyo lo trasladó aguas arriba, desde la plaza de Intipampa hasta su posición actual en el límite sur de la plaza de Haucaypata. Con esta operación logró, además, igualar las áreas que ocupaban las sayas, pues hasta ese entonces la hurin era casi tres veces más pequeña que la hanan.

Trazó las vías urbanas, tanto longitudinales como transversales, necesarias para determinar el área de expansión del sector central, el sector de aislamiento y el borde interno del sector periférico.

Creó plazas centrales; o sea, la de Haucaypata y la de Cusipata.

Dividió la hanan saya, la hurin saya y los demás sectores urbanos en cinco barrios cada uno.

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